Más seguridad en la emisión de dióxido de azufre

Cuando hablamos de dióxido de carbono (SO2), hablamos de un gas que se produce como impureza en los combustibles fósiles, principalmente por actividades como la quema de diésel en vehículos pesados, el carbón y el petróleo en centrales eléctricas o la fundición de cobre, siendo tóxico y con un olor fuerte

Su alta toxicidad y peligrosidad hacen necesario controlar su emisión, tanto para preservar el medio ambiente como para preservar la integridad y el bienestar de las personas presentes.

Por ello, es muy habitual ver en industrias, estaciones de vigilancia ambiental y sistemas de control de la contaminación el detector de SO2, un dispositivo específico capaz de medir la concentración de dióxido de azufre presente en una determinada muestra de aire o gas.

Hay muchos detectores para este gas, pero los más comunes son los que funcionan con sensores infrarrojos y sensores electroquímicos. Comenzando con los sensores infrarrojos, miden la absorción de radiación infrarroja por parte del dióxido de azufre.

Los sensores electroquímicos, a su vez, funcionan midiendo la corriente eléctrica generada por una reacción química entre el dióxido de azufre y un electrodo específico.

Ambos modelos de detectores son bastante eficientes, sin embargo, deben calibrarse antes de su uso y regularmente a lo largo del tiempo. Esto se hace exponiendo el sensor a muestras de aire o gas con concentraciones conocidas de dióxido de azufre.

También vale la pena señalar que la precisión y la sensibilidad del sensor pueden verse afectadas por factores como la temperatura, la humedad y la contaminación, por lo que es muy importante tener en cuenta las condiciones ambientales y calibrarlo correctamente antes de su uso.

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Postagem criada em: 31/01/2023 - 17:00


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